Somos una familia de creyentes plantada en Bay Shore con una misión: llevar esperanza, amor y transformación a nuestra comunidad y al mundo.
Iglesia de Cristo Nuevo Amanecer nació hace 12 años, cuando un pequeño grupo de familias comenzó a reunirse en una sala para adorar a Dios. Nuestro Pastor Otto Castro y su esposa Johana sintieron el llamado de Dios de plantar una iglesia en Bay Shore que sirviera a la comunidad hispana con el corazón de Cristo.
Hoy somos una comunidad de más de 100 familias, con ministerios que tocan cada aspecto de la vida — niños, jóvenes, matrimonios, adultos mayores y alcance comunitario. Cada servicio, cada oración, cada acto de generosidad es un reflejo de quién es Dios.
Nuestros pastores han servido a la comunidad de Long Island por más de 10 años, con un corazón especial por fortalecer los matrimonios y las familias. Creen que una iglesia sana comienza en un hogar sano, y su mayor deseo es ver a cada familia crecer más cerca de Dios.
Creemos en la pronta venida de nuestro Señor Jesucristo por su amada iglesia.
Creemos en la manifestación de Dios a través de la persona del Padre, la persona del Hijo y la persona del Espíritu Santo.
Creemos en el Señor Jesucristo como único mediador entre Dios y los hombres.
Creemos en las Escrituras como inspiración de Dios, revelada al hombre para la salvación de su alma, y útil para enseñar, corregir e instruir en justicia.
Creemos en el bautismo en agua, voluntario y por inmersión, para todo aquel que ha creído y se ha arrepentido de sus pecados.
Creemos en el bautismo del Espíritu Santo como señal inicial hablar en nuevas lenguas, y todas sus manifestaciones de llenura y dones.
Creemos en la vigencia de los cinco ministerios de Efesios 4:11: Apóstoles, Profetas, Evangelistas, Pastores y Maestros, siendo Jesucristo mismo el fundamento principal.
CCreemos que la iglesia es una comunidad de creyentes unida por la fe en Cristo, comprometida con las Escrituras y con llevar el evangelio a todo el mundo (Hch. 2:42-47).
Creemos que la salvación es un regalo de Dios provisto por la sangre de Jesucristo, y no puede ser ganada por nuestros propios esfuerzos (Efesios 2:8-9).
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